Justificación
La asociación Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS[1]) es una O.N.G. con más de 40 años de trayectoria cuyo objetivo principal es la divulgación de la perspectiva de sexo y género en el ámbito de la salud. CAPS y todas las entidades y sociedades que han colaborado en la elaboración de este documento se sienten interpeladas para actuar como altavoz ante un hecho conocido y preocupante como es la falta de investigación científica de las diferencias por sexo y género y su repercusión en la salud de las mujeres.
Lo que las y los profesionales de la medicina conocen sobre el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de enfermedades proviene, en gran medida, de investigaciones realizadas en células masculinas, ratones machos y sujetos varones humanos. Históricamente, las mujeres en edad fértil fueron sistemáticamente excluidas de los ensayos clínicos por diversas razones, entre ellas la supuesta necesidad de proteger su salud y la de posibles embarazos futuros. A esta exclusión se sumaron otras justificaciones, como la variabilidad hormonal asociada al ciclo menstrual, consideradas como un obstáculo metodológico. Como consecuencia, tanto la investigación biomédica como la práctica clínica han centrado su atención principalmente en la fisiología masculina, generando importantes vacíos de conocimiento sobre la salud de las mujeres. Se asumía que las células y los organismos masculinos y femeninos eran biológicamente idénticos, y la medicina basada en la evidencia se definía principalmente a partir de ensayos clínicos realizados en hombres[2]. Aunque en 1993 los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE. UU. ordenaron la inclusión de mujeres en los ensayos clínicos financiados por esta institución, muchos estudios no siguieron dicha directriz y, en los que sí incluyeron mujeres, a menudo no se analizaron los resultados desagregados por sexo[3],[4] lo que limitó la efectividad de esta política. Además, la investigación preclínica y los estudios de desarrollo de fármacos han continuado utilizando predominantemente modelos animales y celulares masculinos[5], [6], [7]. En los últimos años, la inclusión de mujeres en los ensayos clínicos ha experimentado un aumento significativo[8]. Sin embargo, la investigación preclínica continúa mostrando un sesgo marcado hacia el uso de modelos animales y celulares de sexo masculino. Esta dependencia excesiva del sexo anatómico masculino (XY) ha contribuido, en parte, al fracaso de ensayos clínicos, ya que no se ha tenido en cuenta adecuadamente el impacto del sexo en la regulación diferencial de funciones biológicas[9]. La mayoría de las agencias de financiación en Europa, Canadá y América del Norte han implementado políticas para obligar y apoyar a la comunidad investigadora en la consideración del sexo (constructo biológico) y el género (constructo social) en todos los niveles de la investigación médica[10]. No obstante, la biología y la medicina con enfoque de sexo y género aún se consideran áreas especializadas en lugar de una dimensión central en la investigación médica. Para mejorar la atención clínica y la ciencia traslacional, es esencial que los profesionales de la medicina y la investigación en salud sean conscientes de que las enfermedades que tratan y estudian presentan diferencias entre mujeres y hombres en términos de epidemiología, fisiopatología, manifestaciones clínicas, efectos psicológicos, progresión y respuesta al tratamiento[11]. Como han establecido los Institutos Nacionales de Salud, tanto de Canadá como de EE.UU., desde las fases preclínicas se ha de incluir el sexo anatómico como variable biológica (SVB) en todos los estudios. Desde CAPS, proponemos también la inclusión del género como variable sociocultural (GVS) en los estudios con seres humanos[12]. Tambíen, es importante no perder de vista que la determinación del sexo anatómico es un proceso biológico complejo, y que este enfoque deja fuera a las personas intersexuales. Las personas intersex nacen con variaciones en los cromosomas sexuales, las gónadas, los niveles hormonales o los genitales que no se ajustan a las definiciones típicas de “masculino” o “femenino”. Estas variaciones pueden incluir cariotipos como XXY, XXXY, XYY, o condiciones como la insensibilidad a los andrógenos, entre otras. Muchas de estas personas ni siquiera son conscientes de su condición, ya que algunas manifestaciones intersexuales no se detectan hasta la pubertad o incluso nunca. Se estima que entre el 1,7% y el 2% de la población mundial presenta alguna forma de variación intersexual, una cifra que pone en evidencia la necesidad de abordar este tema de forma explícita y respetuosa. Es, sin duda, un aspecto que en algún momento debemos tratar con la profundidad que merece.
Además, a pesar de haber sido estudiadas las diferencias de sexo anatómico y género y saberse fundamentales, no han sido incorporadas de manera adecuada en los programas universitarios de los estudios relacionados con las ciencias de la salud ni en su formación de posgrado y en consecuencia, tampoco han sido incorporados a la clínica. Es previsible que las inequidades en la atención sanitaria persistan durante los próximos 300 años según la literatura[13].
Actualmente estamos ante una explosión de usos de la Inteligencia Artificial (IA) en multitud de campos de aplicación, incluyendo el campo de la salud. Aplicaciones basadas en IA se están comenzando a utilizar para personalizar los diagnósticos y los tratamientos en función de las características individuales de cada—, también para mejorar la gestión y logística médica y hospitalaria, o para superar las barreras geográficas, económicas y culturales que dificultan el acceso a la atención médica para ciertos grupos de la población.
La inclusión de las dimensiones de sexo y género en el desarrollo y la aplicación de soluciones de inteligencia artificial (IA) en el ámbito de la salud es una necesidad imperante y un imperativo ético. La salud de hombres y mujeres está influenciada por factores biológicos (sexo) y socioculturales (género) que interactúan de manera compleja, los cuales son fundamentales para un correcto funcionamiento, pero con frecuencia no se tienen en cuenta en el diseño, la implementación y la evaluación de las tecnologías de IA.
Esta situación ocurre porque los datos con los cuales se entrenan las aplicaciones de IA procedentes de estudios científicos o recogidos de la práctica clínica están sesgados o incompletos no incluyendo específicamente la dimensión de sexo y género. La falta de consideración de estas dimensiones puede llevar a discriminación en los algoritmos, a diagnósticos erróneos, a tratamientos ineficaces o incluso perjudiciales, y a la perpetuación de desigualdades en el acceso y la calidad de la atención médica.
Por ejemplo, las enfermedades cardiovasculares se presentan de forma distinta en hombres y mujeres, los algoritmos de diagnóstico de IA basados únicamente en datos masculinos pueden no ser precisos para las mujeres [14], o las desigualdades de género en el acceso a la educación, al empleo y a los recursos económicos, así como las normas culturales sobre la masculinidad y la feminidad, pueden influir en la adopción de hábitos saludables, en la búsqueda de atención médica y en la adherencia a los tratamientos [15].
La recopilación exhaustiva de datos desagregados por sexo y género es fundamental para comprender las necesidades específicas de salud de hombres y mujeres y para identificar las desigualdades existentes. La transparencia en el análisis de estos datos es igualmente vital para garantizar la detección y corrección de sesgos, especialmente para evitar que estos sesgos se amplifiquen y perpetúen a través de las aplicaciones de inteligencia artificial, permitiendo el desarrollo de políticas y prácticas sanitarias más equitativas e inclusivas que beneficien a toda la población.
Los datos utilizados para entrenar los algoritmos de IA deben ser representativos de la diversidad de la población, incluyendo a hombres, mujeres y personas intersex de diferentes edades, etnias, condiciones socioeconómicas y orientaciones sexuales. Adicionalmente, es necesario analizar y validar los algoritmos para identificar posibles sesgos ocultos y corregirlos.
Las enfermedades que afectan con mayor frecuencia a las mujeres, aquellas que se manifiestan de forma diferente en hombres y mujeres, así como las diferencias en terapias y métodos de diagnóstico, se engloban bajo el término ‘morbilidad diferencial’[16]. Nuestro objetivo también es difundir este concepto para mejorar la atención a la salud de las mujeres, si bien, las inequidades también afectan a la salud de los hombres que sufren el infradiagnóstico de determinadas enfermedades que tradicionalmente se consideran ‘femeninas’ como el cáncer de mama, la osteoporosis, artritis reumatoide o la depresión. Será necesario, pues, revertir paulatinamente las inequidades que afectan a todas y todos.
En estos momentos está en marcha un estudio en la Bielefeld University, de Alemania que realizará una revisión sistemática de la incorporación de conocimientos sobre sexo anatómico y género en las guías de práctica clínica en Europa[17]. No hemos identificado otras iniciativas parecidas en Europa, por lo que SG-RECLIP puede ser la primera propuesta de guía clínica, metodológica y estratégica de estas características.
Con el fin de divulgar y concienciar sobre las diferencias de sexo y género proponemos una guía de consenso entre diversas entidades y sociedades científicas referente a las recomendaciones clínicas prioritarias a promover en la atención de la salud con criterios de morbilidad diferencial. En esta primera edición se da preferencia a los problemas de salud que, por su prevalencia o por su carga de enfermedad, afectan de forma significativa a la población, medida a través del impacto en términos económicos (costes directos e indirectos), mortalidad y morbilidad, cuantificados como AVAD (Años de Vida Ajustados por Discapacidad) o AVPP (Años de Vida Potencialmente Perdidos).
Se detallan a continuación determinadas acciones que se han priorizado en relación con aspectos clínicos, metodológicos y estratégicos con el objetivo de facilitar la tarea de las y los profesionales clínicos de manera que éste sea un instrumento de fácil aplicación en la atención sanitaria cotidiana basado en las evidencias y los conocimientos actuales que puede ampliarse en la medida en que se alcancen objetivos de mejora. Se pretende que éste sea un documento dinámico y vaya ampliando sus objetivos en el tiempo.
Comentario sobre inclusividad del documento: En este documento se ha utilizado el término ‘sexo y género’ para reflejar un lenguaje inclusivo pero se reconoce la necesidad de investigación de los determinantes de género en la salud de las comunidades transgénero, no binarias y de género fluido. Además, aunque se ha basado en términos principalmente biológicos se reconocen también las diferencias por motivo de raza, etnia, situación socioeconómica, discapacidad, edad y orientación sexual que reciben la denominación de interseccionalidad y que requieren también de mayor investigación tal y como recoge el documento de la Comisión Europea publicado en diciembre de 2024. [18] Del mismo modo, es fundamental visibilizar a las personas intersex, cuya existencia evidencia que el sexo anatómico no es binario. Estas personas presentan una amplia gama de variaciones cromosómicas, gonadales, hormonales y/o anatómicas, que forman parte natural de la diversidad humana. Muchas de ellas ni siquiera son conscientes de su condición, lo que acentúa la necesidad de mayor inclusión, reconocimiento y generación de conocimiento científico que incorpore su realidad en los estudios sobre salud y bienestar.
Objetivos
- Mejorar la atención sanitaria de las mujeres, aplicando un enfoque con dimensión de sexo y género en la práctica clínica para corregir los sesgos existentes en la práctica clínica y reducir inequidades en salud.
- Introducir y sistematizar la recogida de datos clínicos específicos de las mujeres en la anamnesis médica, incorporando factores como la salud menstrual, cardiovascular y la violencia de género.
- Mejorar el diagnóstico y tratamiento de patologías muy prevalentes, como las cardiovasculares, con importantes características diferenciales en su clínica, fisiopatología y métodos diagnósticos; de patologías específicas de mujeres, como la endometriosis; de patologías con diferencias en su incidencia, como las que se expresan con dolor crónico, con el objetivo de evitar sesgos de género en su evaluación y manejo.
- Promover la validación de la sintomatología de las mujeres (referido a sintomatología no evidenciable: dolor, salud mental…)
- Mejorar la atención integral a la salud mental con especial enfoque en etapas de cambios hormonales (ciclo menstrual, perinatalidad, perimenopausia y menopausia), incluyendo el cribado rutinario de la depresión posparto y trastornos de ánimo en la atención perinatal.
- Sensibilizar y facilitar la formación de profesionales sanitarios y sociedades científicas en la dimensión de sexo y género, asegurando que todas las guías clínicas incorporen estas diferencias.
- Fomentar la investigación científica con incorporación de la dimensión de sexo y género en todos los aspectos de la investigación, la segregación de resultados por sexo y promover la obligatoriedad de la aplicación de estándares internacionales de calidad en el análisis de datos.
- Desarrollar sinergias interprofesionales para la implementación de la medicina con dimensión de sexo y género en todos los ámbitos de la salud incluyendo investigación, la práctica clínica y el desarrollo y especialmente, la aplicación de la inteligencia artificial en salud.
- Ampliar el conocimiento sobre patologías diferenciales en mujeres y establecer líneas de actuación futuras, incluyendo la prevención primaria y la integración de la interseccionalidad en la salud.
- Promover el conocimiento de la medicina de género no sólo entre profesionales sanitarios sino también entre estamento político a nivel español y europeo, así como entre población atendida.
RECOMENDACIONES CLÍNICAS PRIORITARIAS BASADAS EN LA MEDICINA CON DIMENSIÓN DE SEXO Y GÉNERO
Se han dividido las acciones recomendadas para mejorar la atención a la salud de las mujeres en las que abordan, aspectos clínicos, aspectos metodológicos y aspectos estratégicos.
Aspectos clínicos
Se ha evidenciado que el 6% de las enfermedades que afectan a las mujeres son cardiovasculares y representan un 47% de los años de vida vividos con discapacidad. El 36% de las patologías que afectan a las mujeres son aquellas que impactan de forma desproporcionada en su salud, representando un 23% de la carga total de enfermedad, como el dolor crónico (fibromialgia, migrañas), los problemas de salud mental y las enfermedades autoinmunes. Además, el 57% corresponde a enfermedades relacionadas con la salud materna, ginecológica y menstrual, las cuales generan un 22% de la carga de enfermedad.12
- Mejorar la salud cardiovascular:
Existen factores de riesgo cardiovascular (FRCV) que son comunes a hombres y mujeres. Sin embargo, se han definido una serie de factores de riesgo específicos de las mujeres que no se suelen tener en cuenta en la práctica médica. Además, los conocimientos de la clínica así como en la fisiopatología y los métodos de diagnóstico adecuados a las mujeres no se plasman en las guías de práctica clínica ni en los scores de riesgo o de evaluación de clínica predictiva de enfermedad isquémica. Se trata de la primera causa de muerte de las mujeres. Recomendaciones:
1.1. Difusión de los factores de riesgo cardiovascular específicos de las mujeres y su valoración para la toma de decisiones diagnósticas y terapéuticas. Promover los aspectos diferenciales, que deben ser tenidos en cuenta en las nuevas guías y scores.
1.2. Difusión de las características diferenciales en la sintomatología cardiovascular en las mujeres: INOCA.
1.3. Difundir los conocimientos de las diferencias en la sensibilidad y especificidad de las pruebas diagnósticas de enfermedad isquémica coronaria aguda y crónica en las mujeres.
- Mejorar el diagnóstico y tratamiento del dolor crónico, migraña y fatiga. Las patologías relacionadas con el dolor y la fatiga afectan de forma predominante a las mujeres. Ello supone una elevada carga de enfermedad y un gran impacto a la calidad de vida y a la vida laboral.
2.1. Diagnóstico diferencial del dolor crónico generalizado. Debe realizarse siempre un diagnóstico de exclusión, y descartar otras causas biológicas subyacentes.
2.2. Migraña: abordar el tratamiento de forma escrupulosa. No debe considerarse una condición normal por su elevada prevalencia. Tener en cuenta su frecuente relación con trastornos del ciclo menstrual que también deben ser abordados.
2.3 Aunque es una condición frecuente, evitar asumir como normales los síntomas de fatiga y dolor. Es fundamental realizar una evaluación exhaustiva para confirmar el diagnóstico y descartar otras patologías.
- Mejorar el diagnóstico y el tratamiento de los problemas de salud menstrual – que afectan exclusivamente a las mujeres
Todas las alteraciones que se priorizan destacan por tener un elevado impacto en la calidad de vida de las mujeres. Se estima que el 50% de las mujeres en edad fértil padecen ferropenia. Además, alrededor de un 10% presenta endometriosis —cuya sospecha clínica surge ante síntomas como dismenorrea, dolor pélvico o dispareunia— su diagnóstico suele tener un retraso de 6-8 años en nuestro entorno e implica una elevada carga de enfermedad para mujeres jóvenes. Otro 10% sufre síndrome de ovario poliquístico (SOP), condición asociada a importantes complicaciones cardiovasculares y óseas a largo plazo. Otra alteración menstrual relevante por su impacto en la calidad de vida es el síndrome premenstrual, cuya prevalencia alcanza un 47,8% según un amplio metaanálisis[19].
3.1. Incorporar la anamnesis de la salud menstrual de forma rutinaria
3.2. Detectar y tratar la ferropenia
3.3. Diagnosticar precozmente endometriosis
3.4. Diagnóstico y tratamiento del ovario poliquístico
3.5. Diagnóstico y tratamiento del síndrome premenstrual
3.6. Menopausia: información veraz de esta fase de la vida de las mujeres, con una consideración desmedicalizadora (Salud para disfrutar) y un abordaje de los malestares y fisiología de todas las etapas de la menopausia.
- Salud mental y adicciones – La salud mental afecta de forma diferente a las mujeres debido a factores biológicos, psicológicos, ambientales y sociales. Estas diferencias influyen en la prevalencia, la manifestación clínica de los trastornos y las necesidades terapéuticas, que deben abordarse con un enfoque sensible y adaptado.
4.1 Validar los síntomas, evitando la minimización de su malestar y asegurando diagnósticos y tratamientos adecuados[20]. Promover el uso racional de los tratamientos farmacológicos y los enfoques terapéuticos integrales.[21], [22], [23]
4.2. Abordar la salud mental con dimensión de sexo y género, considerando el impacto de las desigualdades sociales, la violencia de género y los factores biológicos.[24], [25]
4.3. Adaptar los programas de atención a las adicciones a las necesidades específicas de las mujeres, incorporando el abordaje de violencias, cuidados y salud mental. Garantizar recursos accesibles, integrales y libres de estigmas.
4.4. Incluir la salud mental perinatal en la atención rutinaria de mujeres gestantes y puérperas[26]
- Difundir los conocimientos básicos de la farmacocinética y farmacodinámica diferenciales y los referentes a los fármacos más utilizados.
5.1. Recomendar la revisión de los estudios publicados sobre la comercialización de nuevos fármacos y la comprobación de que los resultados se publiquen desagregando los datos por sexo/género y teniendo en cuenta la farmacocinética y farmacodinámica diferenciales en todas las etapas del estudio clínico.
5.2. Proporcionar a los clínicos la revisión de los fármacos por sistemas en uso en relación con las diferencias farmacocinéticas y farmacodinámicas importantes por sexo/género, causantes de mayor cantidad de efectos secundarios o falta de eficacia[27]. Elaboración de una guía de diferencias en farmacología con los fármacos más utilizados en la práctica clínica clasificados por especialidades médicas.
5.3. Promover la obligatoriedad, a través de la legislación, de la investigación científica con desagregación de resultados por sexo así como la limitación de las inversiones públicas a aquellos estudios que cumplan esta premisa. Se realizará a través de la versión para difusión política de este documento.
Aspectos metodológicos
- Introducir la anamnesis específica para problemas de salud diferenciales con relación con: salud cardiovascular diferencial, salud menstrual y reproductiva, salud mental, historia laboral, violencia de género, personas a cargo.
- Mejorar la detección precoz de la violencia de género: anamnesis rutinaria y registro específico (CIE-10)
- Promover la difusión de los conocimientos actuales y la investigación de las diferencias en los dispositivos médicos.
Aspectos estratégicos
- Difundir y promover la importancia de la investigación con dimensión de sexo y género[28],[29]. El personal sanitario debe comprobar que los estudios están realizados con segregación de resultados por sexo: promover el obligado cumplimiento de las normas Sager.
- Promover la integración de la dimensión de sexo y género en la Medicina dentro de la Universidad, así como fomentar la formación posgrado para profesionales sanitarios y no sanitarios (como investigadores en el ámbito de la salud, biomedicina o bioingeniería) con el fin de incorporar estos conocimientos en la práctica clínica y la investigación.
Aspectos tecnológicos
11. Desarrollar, implementar y validar rigurosamente soluciones de IA en el ámbito de la salud que mitiguen activamente los sesgos de género, garantizando una práctica clínica equitativa y eficaz para las mujeres.
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